Murió Tulio Crespi: innovador, creativo, e ilustre convecino
Sobrellevaba desde hacía un tiempo una cruel enfermedad. Así y todo, continuó trabajando en su industria junto a sus hijos, dejando un impresionante legado. Fue apadrinado por Fangio, impulsor de grandes pilotos y fuera de los fierros un vecino solidario bien reconocido. Dejó una carta contando su lucha, y agradeciendo por demás: “me voy en paz, tranquilo: ¡Viva la vida, vamos que se puede! Tenía 88 años.

El automovilismo está de luto: murió Tulio Crespi. Con hondo y lógico pesar, la comunidad fierrera y particularmente la de Balcarce, donde decidió plantar su polo industrial hace más de 40 años, recibió la noticia este frío y ventoso martes 22, en una semana eufórica para el automovilismo con la reactivación del autódromo “Juan Manuel Fangio”, su otra casa, que lo hubiera recibido una vez más a brazos abiertos.
Balcarce lo acogió como un vecino más, dotado de una inteligencia nivel ingeniería, con recursos y profesionalismo propios, casi un inventor e innovador de la mecánica argentina y con la experiencia internacional de haberle mostrado al mundo sus máximas creaciones, las Tulieta, esos deportivos clásicos y fácilmente reconocibles, que hasta incluso aparecieron en películas y documentales, aunque su historia entre herramientas y proyectos compartidos con amigos, comenzó mucho antes. Se hizo piloto, con un monoplaza que armó el mismo y que ganó en su debut. A partir de allí, construyó también su historia, siendo una inminencia en lo atinente a los monoplazas.
Su talento trascendió los circuitos. La Tulia y la Tulieta se convirtieron en emblemas de sus deportivos fuera de serie, a punto tal que en 1975 llevó sus creaciones al Salón del Automóvil de París, una vidriera internacional donde exhibió la capacidad de diseño de la industria argentina, asombrando incluso al mercado europeo. Sus chasis tuvieron una presencia decisiva en la Fórmula Renault, una de las principales escuelas del automovilismo nacional. También trabajó en Turismo Carretera y tuvo su equipo de TC2000. En los ’80, y por gestión del “Chueco”, abrió su mega fábrica en Balcarce, a la vera de la Ruta Nacional 226 – km 62,5, ya en zona rural, a 20’ de Laguna La Brava.


DE PELÍCULA. Tulio también pasó por el cine. Les construyó una Tulieta a prueba de balas a los “Superagentes”, en 1978, explicando las bondades del “super auto” en escena, y los Concept de la serie Senna, en 2024.
De allí salieron miles de innovaciones y pilotos que llegaban con lo justo y se hacían reconocidos como estrellas, “Gurí” Martínez, Guillermo Oretelli, Johnatan Castellano, Christian Ledesma y hasta un juvenil y desconocido Franco Colapinto. Su fábrica fue escenario de videos, documentales y hasta la “cocina” de una serie de Netflix, cuyo proyecto encaró con sus hijos, para entonces tan expertos en el metier como él. En una entrevista de 2025 afirmó haber fabricado más de mil autos de carrera y seguía trabajando en su fábrica. Orlando Tulio nació en Buenos Aires el 22 de junio de 1938, el mismo día del aniversario de la ciudad de Balcarce. Celebró sus 88 hace muy poco.
Su relación con los balcarceños era diaria, de afecto. Un tipo más. De una idea política bien plantada, pero que no usaba para debatir. Prefería hablar de otras cuestiones, que siempre terminaban en charlas de automovilismo. El periodismo tenía carta libre con Tulio, era muy atento, preciso, y “si te parece, cuando quiera, venite al taller”, esgrimía. El “taller”, era su industria, la cual cuenta con profesionales y recluta algún que otro aprendiz para trabajar y aprender. A la vez, era un hombre solidario con algunas instituciones, fue un filántropo. Su vida personal se manejó discretamente, tuvo tres mujeres, y varios hijos: Sandro, Flavia y Gabriela, de primer matrimonio, en BS.AS.

CON ACCION5. En una entrevista en 2021, Tulio recibió a ACCION5 y a Canal 4. Repaso y novedades.
Luciano, Matías y Julieta, del segundo, quienes se criaron en Balcarce. Los varones se vincularon todos a su gran proyecto, la Escudería propia. De allí salieron los modelos clásicos Tulia (una cupé deportiva con motor IKA-Torino), y Tulieta, (una cupé cabriolet, motor Renault), también el Spiaggia (un “buggy” playero”) y otros autos, además de los Concept que se utilizaron en la serie “Senna”. Su pasión de fuego, de hombre de inventiva, algo cascarrabias, perro siempre con una respuesta a mano, se encontró con una misión difícil: enfrentar una cruel enfermedad que le dio alguna pequeña ventaja, para seguir desplegando creatividad un tiempo más. Lo suficiente para una despedida:
“Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera. Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví”.
“Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso? Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe. Gracias”.
“Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato”.
“Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo”.
“Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo”.
“Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo”.
“No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice. Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando”.
Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!

HASTA SIEMPRE, TULIO. Sus restos serán velados este miércoles, en la fábrica de ruta 226 – km 62.5, desde las 9.



