El folclore y fútbol de duelo: falleció el “Chiqui” Smiraglia
Referente de la música popular. Músico, percusionista y bailarín. Docente y cultor, un símbolo del folclore local. En su juventud jugó en Amigos Unidos. Pregonó su sapiencia por el país y la trasladó a sus hijos. El corazón le dijo basta a los 78 años. NECROLOGICA.

Hondo pesar causó en las últimas horas, el fallecimiento de Juan Domingo “Chiqui” Smiraglia, hombre dedicado al quehacer cultural de la ciudad, conocido como buen cultor de la música folclórica local, bombista, músico y bailarín. También en su juventud jugó al fútbol, buen multifuncional, en el Club Amigos Unidos. Sus hijos siguieron su camino, destacándose en ambas ramas. “Chiqui” Smiraglia falleció este martes 13, a los 78 años, por severas complicaciones de salud. Vecino ampliamente conocido y querido en el ambiente cultural, el cual pregonó desde la docencia y con él que llegó a tener proyección nacional. Integrante de una numerosa familia de raigambre itálica.
Desde muy jovencito, “Chiqui” cultivó entusiasmo hacia el acervo folclórico. A los 14 años comenzó el profesorado de Danzas en el Instituto Polivalente de Arte de Mar del Plata. Egresó a los 17 y desde ese día no dejó de bailar o de estar ligado a las danzas tradicionales y al folclore. Se casó muy joven con Julia Esther Colavita y tuvo cinco hijos: Silvana, Karina, Juan Pablo, Betiana y Nicolás. Los varones fueron futbolistas y hoy son artistas. Fue discípulo y gran amigo de Carlos Máximo Cabrera, a quien acompañó con el bombo más de una vez. Su labor particular de siempre fue la de mecánico chapista con mucho tiempo de tarea en la firma local Stoppani Riegos.

ARTISTA COMPLETO. “Chiqui” Smiraglia era un exquisito bailarín de folclore y el bombista que todos querían tener. Se casó a los 22 años y tuvo cinco hijos. Fue mecánico, docente y recordado futbolista de Amigos Unidos.
Estudio música, guitarra y percusión, lo suficiente como para pregonarla a nuevos talentos. Integró además varias agrupaciones, “Cruz del Sur”, peña “El Ombú”, peña “José Hernández” y “El Ceibo” en Mar del Plata, donde ejerció profesorado. Su profesionalismo con la música lo llevó a varios festivales de renombre como el de Cosquín, donde acompañó a otros músicos. En su etapa juvenil, fue futbolista de Amigos Unidos, casaca que vistió con orgullo a mediados de los ’60, y aunque fue un futbolista multifuncional no tuvo demasiada continuidad, apenas 5 temporadas, pero un altercado fuerte con un árbitro dio por terminada su prometedora carrera.
Integró varios grupos musicales, el más recordado “Confluencia”, un seleccionado de músicos locales dirigido por Rubén (Loli) Dimuro, que aun resuena en más de algún festival regional. Sin embargo, más que hacer música gustaba más de expresarla corporalmente: “La danza es mi vida. Cuando bailo, me siento libre, en un escenario. Amo ese eterno conquistar a la dama como lo hacía el gaucho y la dama corresponde. Eso lo he incorporado de tal manera que no lo puedo hacer distinto. El bailarín que baila con el corazón así lo hace, porque lo siente. La danza va mucho más allá del movimiento perfecto o de un giro determinado”, dijo en una entrevista, alguna vez.
“No sé si cumplí todos mis sueños. Nunca me preocupé por eso. Lo que siempre le digo a la juventud que anda en el folclore es que no hay que abandonar. Sentir y pertenecer. De eso se trata”.
QEPD – Chiqui Smiraglia.



